La pregunta que no puede faltar

LA PREGUNTA QUE NO PUEDE FALTAR

Por: Edinson Herrera B., smm

Sacerdote, animador juvenil vocacional Montfortiano

 

¿Quién soy? Es esta la pregunta por excelencia que acompaña a cada ser humano en diversos momentos de su vida, es más desde tiempos antiguos ocupó el corazón y la mente primigenia de los habitantes del mundo. Nace con la pregunta la sapiencia o sabiduría humana y más adelante la conocida filosofía, de la cual no nos detendremos a hablar en profundidad. Sin embargo, allí se labra el problema o la inquietante búsqueda de la identidad, allí se descubre la presencia divina y allí se consagra el ser humano en su humanidad misma, revelándose y debatiéndose entre el bien y el mal presente en su historia.

 

Claro, más adelante, o más cercano a nosotros, la pregunta del ser humano toma nuevos rumbos, y se le agregan otras más sobre el sentido de vida, a saber: ¿cómo soy? ¿para qué existo? ¿por qué soy? Y la más reveladora: ¿qué soy? Pues bien, aquí aparece la fuerza vital de cada persona, pues el camino recorrido, hecho y vivido en todos y cada uno nos lleva a descubrir en qué nos apoyamos y estamos unidos para “ser o no ser”, a bien decir del famoso dramaturgo Inglés.

 

Para comprender mejor, desde Jesús mismo te invito a tomar tu Biblia. Abre el Evangelio de San Marcos en el capítulo primero y lee los versículos 9 al 11 de manera especial. Lee con calma. Mira lo que está antes de ello y los que hay después de ello.

 

Emprendiendo el camino, Jesús va donde Juan y es bautizado por él. Lo que sucede luego es lo que nos da muestra de la identidad de Jesús. Es decir, lo que se hace columna fuerte en la vocación de Jesús: “Tú eres mi hijo amado, en ti me complazco”, dice la voz del cielo, la voz de Dios. La experiencia fundante de Jesús con su Padre del cielo le lleva a sentirse identificado con El, con su Reino, el que proclama después de volver del desierto, de las tentaciones. Y si lees todo el Evangelio de Marcos, a la luz de este instante, comprenderás todo lo que fue capaz de hacer Jesús por su conocimiento de lo que era como ser humano: Hijo de Dios. Ahí nace la plenitud de lo que es Jesús y lo que comienza a realizar gracias a ello, hasta el extremo, sin perder el rumbo de su misión. Ahora bien, ¿para qué todo esto? Para decir que la pregunta instigante del hombre y la mujer por años, es revelada en Jesús con plenitud, pues va llena de su humanidad y de su trascendencia; es decir, de su divinidad. Lo que hace que cada quien llegue a realizarse en plenitud es aquello que le llena el corazón, aquello con lo que se identifica, más bien, su propia identidad.

 

El Señor Jesús, con su vida, nos enseña lo que realmente somos y nos muestra lo que somos capaces de hacer si lo asumimos con dignidad: la de ser hijos de Dios. Por ello, mientras vayas leyendo todo el Evangelio de San Marcos, mira cómo tu vida es reflejo y fruto de Dios Padre, que te puede impulsar a realizar en tu propia vida aún cosas que te admirarán. Si eres Hijo de Dios, y si vives como tal, de seguro tu vida es distinta, tu manera de ser y hacer adquiere un sentido más profundo, extremo. Contémplate como lo que eres en lo que vives y haces, en tu vocación como Hijo de Dios.

edinsonsmm@gmail.com

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