sáb

10

sep

2011

EL ORIGEN DE TODA VOCACIÓN

EL ORIGEN DE TODA VOCACIÓN

Por: Edinson Herrera B., smm

Sacerdote, animador juvenil vocacional

 

“He estado estos años viviendo el momento y realmente no sé qué decir respecto a mi futuro” expresaba Mariela, cuando le pregunté sobre cómo se soñaba y qué veía que estaría haciendo en unos veinte años. Así como a esta joven boyacense, de 21 años, 1.55 m. de estatura y contextura robusta por su vida trabajadora desde pequeña, le sucede a muchas personas de diversas edades y jóvenes que terminan sus estudios secundarios y aún profesionales.

 

Ciertamente, la preocupación por el futuro no es prioridad en el corazón de un significativo número de personas que encuentro a mi paso como Animador Juvenil Vocacional, y menos cuando el pan de cada día lo constituye una diversidad de alternativas y cosas por vivir y disfrutar. Ya Mariela, reflexionaba cómo lo importante resultaba pasarlo bien y vivir el momento, el instante, el goce momentáneo, mientras ya mañana veremos qué resulta de nuestra vida. Sin embargo, no por ello deja de ser esta una cuestión que realmente inquieta el corazón y la vida propia, pues con toda razón, sigue reflexionando Mariela, no se puede uno pasar toda la vida a la deriva sin saber qué quiere, qué desea y para donde va; así no se llega a ser feliz.

 

Con todo, inquietarse por lo que realmente queremos y soñamos resulta ser un ejercicio que visualiza el horizonte y la plenitud de la vida personal, más no es un cuestionamiento que implica sólo a la persona interesada, a cada quien. Reflexionar al respecto, descubríamos con Mariela, nos lleva a encontrar que, preguntarse por la vida propia, por los sueños y deseos del corazón proyectados hacia el futuro, es una acción en la que se hace necesario mirar hacia el origen de la inquietud misma; es decir, descubrir cómo el ser humano, tiende a buscar siempre su plenitud, precisamente en la Plenitud misma: Dios. Esto sugiere, que el inicio, el comienzo, el principio de toda vocación, del deseo profundo de plenitud es el mismo Creador, ya que Él ha puesto al hombre y a la mujer como lugartenientes a su imagen, como recordamos en el libro del Génesis.

 

De esta manera, quien desee encontrar realmente a qué está llamado, encontrar cuál es su papel en el mundo, necesita tener presente al Autor de la Vida, al que le llama, a Dios; puesto que, es su creatura. Entonces, la búsqueda real de la vocación, nace en Dios, y es un asunto en que cada persona necesita tenerlo en cuenta a Él para descubrir el lugar real al cual está llamada sabiendo construir y reflexionar su futuro. Dios está desde el Principio, y sólo Él nos puede conducir hasta el final de la vocación que vivimos, elegimos y descubrimos.

 

Por ello, en este tiempo, piensa en tu futuro, lo que sueñas estar viviendo y haciendo luego, en unos años. Piénsalo mirando si eso te da plenitud; pero, claro, hazlo Teniendo a Dios presente en ello, hazlo poniendo tu vida en manos de Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo. Ora tu vida, ora tu futuro, ora tus planes y sueños y está atento a lo que realmente Dios te llama, pues bien dijo Jesús: sin mí, nada podéis hacer… permanezcan en mi amor” (Ver Jn 15, 5)

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