Hablando de Vocación

Por: Edinson Herrera B., smm

Sacerdote, animador juvenil vocacional

 

No deja de inquietar la palabra vocación, pues parecía un tema sólo para muchachos para que se vayan a los seminarios, como ocurría a mediados del siglo pasado, cuando se aparecían unos padrecitos con sus sotanas negras y un rosario grande colgado al cíngulo negro en poblaciones como Junín, en el Departamento de Cundinamarca. Llegaban a llevarse a los que quisieran ser curitas, desde pequeños, cuenta don Miguel Beltrán, quien alcanzó a ir al seminario de Choachí, en el mismo Departamento, con otros de sus hermanos, entre los cuales Ignacio y Pedro terminaron siendo misioneros montfortianos, como los del seminario y Jorge, terminó siendo presbítero de la Arquidiócesis de Bogotá.

 

En ese tiempo, las personas mandaban a sus hijos a estudiar al seminario desde que eran pequeños, de 8 años o más, y como las distancias y medios de transporte eran tan rudimentarios y demorados que apenas había algo de espacio en la vida para ir a visitarlos al seminario, a la escuela apostólica, como la llamaban los padres. De estos pequeños, sólo se les volvía a ver cuando los devolvían porque no eran aptos para ser sacerdotes, como le sucedió a don Miguel, hoy ya de 84 años de edad y felizmente casado, aunque viviendo sólo con su esposa, pues sus hijos ya están viviendo su propia historia y vida. De los muchachos que se hacían sacerdotes, sólo hasta su ordenación, en la mayor parte de las veces, era cuando volvían a ver a sus familias, recuerda el P. Ramón Ramos, anciano misionero que vive hoy en el Hogar Sacerdotal de Choachí, oriundo de esta tierra y que entregó su vida por la evangelización en los llanos orientales por muchos años.

 

Entonces, no se hablaba explícitamente de vocación, y cuando se llegó a hablar de ello, era para referirse a los sacerdotes, e incluso en las jovencitas que puedan hacerse religiosas, sin dejar claro, en últimas, lo que significa vocación.

 

En palabras sencillas vocación es una palabra que proviene del latín (vocare) que significa llamado. Por consiguiente, hay alguien que llama y alguien que responde. Así, tener vocación es saber dar una respuesta con las propias acciones, decisiones y pensamientos a aquello que inquieta el corazón.

 

La vocación es entonces, aquello que en lo profundo de nuestro ser nos impulsa a la felicidad y la realización plena y total de la vida. De esta manera, Dios es quien llama al ser humano a un estilo de vida concreta para lograr esa felicidad y realización ante lo cual, al hombre y a la mujer les compete dar una respuesta.

 

Hablar de vocación, hoy por hoy, no es tema de pocos ámbitos, sino que incluye a cada ser humano. Dios llama, el ser humano responde al llamado que Dios le hace en su interior, en su vida para darle sentido, felicidad. Tú tienes un llamado, no importa qué edad tienes, o qué situación vives, expresan los animadores vocacionales de los misioneros montfortianos, qué respondes a él, Dios te sigue llamando, desde lo que eres, desde lo que haces, desde lo que vives. ¿A qué te llama Dios?

 

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