vie

26

ago

2011

Carta a los jóvenes

Bogotá D.C., mayo de 2011

 

 

 

CARTA ABIERTA A LOS JÓVENES

 

La boca amable multiplica sus amigos,

la lengua que habla bien multiplica las afabilidades”

(Eclesiástico, 6, 5)

 

En el nombre del Señor Dios, Uno y Trino, que se nos ha revelado en Cristo Jesús, naciendo de María Santísima, les saludo deseando que sus corazones estén llenos de sencillez y plenitud.

 

Bien dice Jesucristo en el Evangelio de San Mateo (12, 34b): “De lo que abunda en el corazón habla la boca”. ¡Vaya que si tiene mucha razón! Esta expresión nos hace mirar hacia nosotros mismos, a nuestro ser e historia –la de cada uno­–. El corazón es el lugar en que se encuentran todos nuestros más profundos deseos, anhelos, pensamientos y creencias, según el contexto bíblico; en otras palabras, el corazón es el sitio donde se encuentran, tanto los tesoros como las miserias de la vida, realidad e historia personales. Por ello, cuando expresamos algo con nuestras palabras, lo que hacemos es expresar lo que tenemos guardado en lo más íntimo de nuestro ser. Ante esto, Jesús sigue explicando lo siguiente, ahí mismo en San Mateo (12, 35-37): “El hombre bueno dice cosas buenas porque el bien está en él, y el hombre malo dice cosas malas porque el mal está en él. Y yo les digo que en el día del juicio todos tendrán que dar cuenta de cualquier palabra inútil que hayan pronunciado. Pues por tus propias palabras serás declarado inocente o culpable”. Suena un poco duro esto, pero nos trae una lección muy sabia para nuestra manera de hablar.

 

Cada vez que hablas tienes la oportunidad de mostrar o enseñar de qué estás hecho, de qué está cargado tu corazón, nos muestras la realidad de tu familia, de tu casa, de tus relaciones con los demás, de lo bueno, malo, o dañado que te encuentras. Así, inconcientemente, sin pensarlo, sin siquiera imaginarlo nos muestras tu interior. De esta manera, nos atraes, o mejor lo pensamos dos veces para saber si vales la pena como amigo o compañero.

 

Por otro lado, según las palabras que empleas para expresarte, vas alimentando tu corazón con ello. Es como una planta en una matera que tuvieras en casa; si le echas agua buena, abono, la limpias, le hablas con cariño, entonces la planta te responde poniendo el ambiente agradable, florece y te anima; pero si le echas agua pútrida o podrida y maloliente, maltratas la matica, no la determinas, pues ella va absorbiendo esa agua, va adquiriendo ese olor y se va poniendo de mal color, sin florecer, hasta ir muriendo por tanto veneno que absorbe de la contaminación que recibe en su interior, por lo que eres declarado culpable o inocente de la vida de esa planta. En consecuencia, las palabras con que hablas generan vida o contaminan y minan tu corazón aún más. O te llenas de podredumbre y te expresas como una persona sin dignidad humana o, te sobrepones y empleas cada vez palabras que te hacen más acogedor y digno de tenerte como amigo. ¡Tú eliges!. O eres alguien lleno de grosería y problemas dispuesto a pelear y reñir contra todo sin tener paz y tranquilidad en tu vida, o eres alguien con la mente y el corazón abierto para cosas grandes rodeado de gente que vale la pena, porque tú lo vales también. ¡Tú decides!. Haces amigos, o te llenas de enemigos. Cambias tu carta de presentación y cambias el mundo pequeño que te rodea, o definitivamente dejas que otros te cambien a ti y te reduzcan a poco.

 

Bien, termino orando a Dios para que cada chico y chica pueda medir sus palabras sembrando en su corazón felicidad.

 

En Dios Sólo, a tu servicio

 

 

 

Edinson Orlando Herrera Bedón, smm

Animador Juvenil Vocacional

Misioneros Montfortianos

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